Article originally published in the journal 88 of the Euskal Etxeak and transcribed here in its literal. Julian Celaya Loyola's director for Citizens and the Basque Communities Abroad of the Basque Government since July 2010, having been appointed thereto by the current executive chairman of the Basque regional president Patxi López. The article entitled "A Year with the Basque diaspora. "
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Julián Celaya Loyola Director para los Ciudadanos y las Colectividades Vascas en el Exterior - Gobierno Vasco
La primera sorpresa me la llevé antes incluso de entablar relaciones directas con los descendientes de vascos emigrados, sobre todo en ciertas partes de Sud y Centroamérica (en Norteamérica y Europa se ha admitido con absoluta naturalidad el cambio gubernamental), y fue el recelo con el que me recibieron, alimentado por los rumores malintencionados que se difundieron (y se siguen difundiendo) a raíz del advenimiento del nuevo Gobierno Vasco, en el sentido de que el ejecutivo de Vitoria iba a acabar con el mundo de las euskal etxeak – centros vascos. A medida que he ido recorriendo los países destino de la emigración vasca he podido tranquilizar a las colectividades vascas, no sólo con mis palabras –en mi euskera de baserri y en mi castellano de ciudadano de a pie–, sino con los datos de las subvenciones de finales 2009 en la mano, que muestran que no se han reducido las ayudas en absoluto, sino más bien todo lo contrario en ciertos casos específicos. Sin embargo, costará más que se acepte en algunos lugares históricamente emblemáticos que se puede ser vasco sin ser nacionalista, dado que esos descendientes (de 5ª y 6ª generación hoy día) de aquellos primeros emigrantes siguen teniendo en la memoria la imagen romántica de una Euskadi folclórica y rural que, comprensiblemente, les transmitieron sus ancestros. Un ejemplo de nuestro intento para actualizar esa imagen es el programa Gaztemundu, en el que jóvenes procedentes de las euskal etxeak han estado recientemente entre nosotros para contrastar por sí mismos las ideas preconcebidas que traían de sus casas, con la realidad moderna y plural de la Euskadi actual. Y ellos también se están sorprendiendo, agradablemente, espero. La segunda sorpresa fue la poca, por no decir nula, relación de esas instituciones con otras instituciones españolas en el exterior, ni con casas regionales de otras comunidades autónomas ni con las embajadas. Resulta curioso este proceder, de nuevo alimentado por la ideología nacionalista que dice defender los intereses de los vascos en el exterior, puesto que ello les priva de más ayudas y subvenciones, que podrían obtener con una actitud más abierta, como la de catalanes y gallegos, por ejemplo. Los empresarios vascos que abren sus empresas al exterior, sin embargo, no actúan así y lo primero que hacen al desembarcar en un país, sean nacionalistas o no, es acudir a la embajada en busca de apoyo. La tercera sorpresa fue que el aparente dominio de la ideología nacionalista en las euskal etxeak no es más que eso, aparente. Es cierto que muchas de las Juntas Directivas están constituidas por personas que se autodefinen públicamente como nacionalistas vascos que, aunque no pueden ni siquiera votar aquí, se creen más vascos que uno mismo, que nací en un caserío en el monte y hasta los 8 años no aprendí el castellano. Pero ellos también reconocen a regañadientes que en la masa societaria hay una distribución ideológica más acorde con la realidad social, tanto la de sus países como la de Euskadi. Además, también se constata que hay más vascos actualmente fuera de las euskal etxeak que dentro, puesto que a la nueva emigración, cuyo perfil tipo está formado por jóvenes profesionales que sólo residirán unos años en su país de destino, la estructura tradicional de los centros vascos les aporta bien poco en un mundo globalizado y permanentemente intercomunicado gracias a las nuevas tecnologías. Por último, el reflejo del mundo real se puede observar también en las urnas, donde los votos del exterior de las últimas elecciones vascas muestran sin ambages que nacionalistas y socialistas han tenido casi idéntica representación porcentual. Las euskal etxeak y, por extensión, el nacionalismo de principios de siglo XX exportado al exterior, tuvieron un papel fundamental en la historia de la emigración vasca, que debe preservarse y difundirse, de igual manera que el papel que han jugado y juegan en la transmisión generacional del folclore, cultura e idioma vascos es digno de toda alabanza y apoyo institucional. Por encima de intereses partidistas, quiero que sepan que el Gobierno Vasco va a seguir apoyándoles con toda la intensidad que nos permita la crisis que vivimos actualmente en Euskadi y estoy convencido de que los ciudadanos vascos entienden perfectamente la necesidad de ese apoyo, de la misma forma que los emigrantes vascos apoyaron a las familias que dejaron atrás con las remesas de dinero que les enviaban en cuanto podían. Pero también quiero que sepan que los vascos hemos cambiado, que los arrantzales que salen a faenar hoy en día desde nuestros puertos pesqueros son negros (porque son de origen subsahariano) y sus hijos hablan en euskera en la ikastola, o que los hijos de los centroamericanos, rumanos o marroquíes que trabajan en las tareas domésticas o en los servicios urbanos o en los laboratorios de investigación de la UPV son tan vascos como nosotros, porque sus padres o ellos mismos pagan aquí sus impuestos y contribuyen a aumentar la producción y el consumo en nuestra querida, por todos los vascos, Euskadi. Esta última idea es una sorpresa que me parece que todavía no han descubierto en algunas euskal etxeak, pero que creo sería conveniente que lo hicieran, de la misma forma que sería conveniente que fueran modernizando, no sólo sus estructuras, dando paso al relevo generacional tan necesario en todos los órdenes de la vida, sino también los contenidos culturales, ofreciendo a sus asociados una visión más realista de la Euskadi de hoy, con recursos folclóricos, culturales, idiomáticos, etc., actuales y vanguardistas, que los tenemos, muchos y muy buenos. Termino con una reflexión que creo es clave para la convivencia de las distintas y numerosas ideologías vascas, válida tanto para el exterior como para el interior: en primer lugar, todas las instituciones deben tener respeto unas con otras pero, en segundo lugar pero mucho más importante, todas las personas debemos tener respeto entre nosotros, porque todas las ideologías democráticas son igualmente respetables. Sólo si valoramos más lo que nos une que lo que nos separa, podremos volver a pronunciar con orgullo la frase “yo también soy vasco”, que yo me veo obligado a recordar a algunos con más frecuencia de la que quisiera.
Santiago Campos tiene a sus espaldas una vida intensa, de esas que inspiran las grandes películas. De las que a todos nos gustaría llevar en la memoria como un galón reluciente para podérsela contar a nuestros nietos. Un día vino a mi despacho y me contó su historia. Mientras observa la foto en sepia que ha traído consigo, este vasco de 77 años “confiesa que ha vivido”, como lo hiciera antes Neruda. Su acento argentino puede confundir a muchos, pero la emoción que muestra al hablar de su tierra vasca y el lauburu de plata que pende de una cadena, muy cerca del corazón, no deja lugar a equívocos. Él también es vasco. Santiago Campos Pérez nació en el barrio donostiarra de Amara en 1933. Ya desde muy pequeño y envuelto en el difícil contexto de la Guerra Civil española, comienzan sus avatares: estando en la playa con su madre y su tía, el crucero ligero Cervera bombardea la playa, provocándoles heridas que hacen que su tía muera. El padre de Santiago, soldado republicano, decide ir a luchar a Barcelona, y con él parten su mujer y su hijo. Mientras la familia recorre todo el norte de la península, su padre es herido dos veces, y al llegar a Barcelona es ametrallado y pierde un brazo. Desde allí, los tres son exiliados a un campo de concentración en Francia. Tras algún tiempo, salen del campo con cerca de otros dos mil republicanos y son embarcados en el famoso barco Winnipeg, fletado por el poeta chileno Pablo Neruda, en colaboración con el lehendakari Aguirre. El 3 de septiembre de 1939 el Winnipeg atraca en el puerto de Valparaíso, en Chile. A pesar de que el padre de Santiago llevaba consigo sus pagas de soldado y contaba con ellas para comenzar una nueva vida al otro lado del océano, se encontró con que el dinero republicano ya no tenía validez alguna. La familia Campos se encontró de repente en un continente desconocido y en la más cruda indigencia. Sin embargo, gracias a la solidaridad de otros vascos afincados en Chile consiguieron seguir adelante: durante cuatro meses los acogieron y les dieron el dinero suficiente para que los tres viajasen a Argentina, donde años antes había llegado una tía de Santiago. Tras un largo viaje desde Valparaíso a Mendoza, en Argentina, y desde allí a Retiro, en Buenos Aires, se reunieron con la tía y con otros vascos que habían formado la Euskaletxea Goikoetxea –ya desaparecida-. Era diciembre del 1940. Santiago tenía 7 años, y acababa de llegar al que sería, durante casi setenta más, su país de acogida: Argentina. Allí trabajaría sin descanso y fundaría su familia. Sin embargo, Santiago tuvo siempre muy presente donde había nacido. Las raíces no entienden de distancias ni del paso del tiempo. Euskaletxea, para mantener más vivo el vínculo con su tierra y su cultura. Sin embargo, esto resultó imposible: en algunos de los centros, la cuota social era demasiado elevada para Santiago, y no pudo asumirla. En otros, se encontró con algo más grave aún: la discriminación por sus ideas. El legado socialista y republicano de su padre, que tan hondo caló en él, parece no gustar en algunos centros vascos, bastiones nacionalistas, donde se muestran reticentes a atenderle. Tras una vida de lucha y sacrificio, Santiago ha vuelto a su tierra; a su amado País Vasco. A pesar de la felicidad que le ha supuesto su retorno, reivindica con cierta amargura su derecho a ser de aquí y a que otros lo consideren así. ¿Es que acaso ser vasco es un concepto encerrado en la burbuja de una ideología política concreta? Esta es una tierra plural y abierta, donde caben muchas ideas y sentimientos, pero donde existen infinidad de puntos en común que forjan nuestra identidad. Si existiese una vara de medir el amor por una tierra, a Santiago sin duda se le quedaría corta |
Julian Celaya Loyola Director for Citizens and the Basque Communities Abroad - Basque Government A year has passed since I took my position and I think I now have enough perspective to form a clear picture of an area known only as the majority of Basques living in Euskadi, with references familiar side of a branch whose ancestors had to migrate for various reasons. The road I have traveled so far has been full of surprises, most pleasant and some not so, although all rich. Some of them may illustrate to the reader about the world of the Basques abroad.
The third surprise was that the
apparent dominance of nationalist
ideology in etxeak euskal that is
not apparent. It is true that many
of the boards are made up of people
who identify themselves publicly as
Basque nationalists, but they can
not even vote here, to bring more
Basque than yourself, who was born
in a village in the mountains and up
to 8 years I did not learn
Castilian. But they also acknowledge
grudgingly that the corporate mass
distribution is a more ideologically
consistent with social reality, both
in their countries such as Euskadi.
In addition, we also find that there
are currently more Basque euskal
etxeak outside than inside, because
the new immigration, whose typical
profile consists of young
professionals who reside only a few
years in their country of
destination, the traditional
structure of schools Basque gives
them very little in a globalized
world and permanently interconnected
through new technologies. Finally,
the reflection of the real world can
also be seen at the polls where
votes from outside the Basque
elections show unequivocally that
nationalists and socialists have had
almost identical percentage
representation.
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Article originally published in the
journal 88 of the Euskal Etxeak and
transcribed here in its literal. Julian
Celaya Loyola's director for Citizens and
the Basque Communities Abroad of the Basque
Government since July 2010, having been
appointed thereto by the current executive
chairman of the Basque regional president
Patxi López. The article entitled "A Year
with the Basque diaspora."
By Julian Celaya Loyola


